¿Mejor juego o mejores ventas?

Los más veteranos de Warhammer recordamos, con cierta nostalgia, el tiempo en que el juego era una excelente mezcla entre hobbie, pintura y estrategia. La variedad era el discurso de GW y por ello se impulsaba a los jugadores a que convirtieran sus miniaturas o a que hicieran listas variadas de sus ejércitos, pero lo cierto -y para el dolor de muchos- tanto las reglas como los codex actuales, han golpeado duramente este discurso y hoy en día tenemos un juego que es más negocio que otra cosa.

Los antiguos codex, digamos los de la edición anterior, contenían un poderoso trasfondo que le daba un sentido a tu ejército y respetaban las novelas que sacan de manera constante al mercado, pero hoy en día hay verdaderas herejías que han ido apareciendo en distintos codex.

Por otro lado, la gama de juegos de especialistas está por completo extinta, dejando casi en el olvido a Mordheim, Gothic, Bloodbowl y otros grandes juegos que probablemente no eran tan comerciales, pero que permitían ampliar tu horizonte.

Hoy en día tenemos suplementos que no son gran aporte al juego y mejoras que no representan reales cambios (es cosa de ver el codex de 7ma de los grey knights), es así que el gran aporte de las nuevas ediciones ha sido una unidad nueva a un costo monetario muy elevado, y que no son del todo imprescindibles.

El fin de semana tuve la oportunidad de conversar con los viejos estandartes de ordo y me di cuenta de que no soy el único que tiene este sentimiento encontrado hacia Warhammer. Lo que me sorprendió es que Warmachine, un juego por el cual nadie daba un peso hace algunos años, hoy esté ganando una gran cantidad de adeptos porque mantiene las bases del juego, o sea, la diversión.

No es que todo tiempo pasado haya sido mejor, pero me gustaría que regresara el GW que se preocupaba más por sus fans que por sus ventas, si bien es claro que es una empresa y tiene que ganar dinero, eso no significa que se descuide acerca de qué es lo que desean sus fanáticos.